Un lugar para la tecnología

jueves, 14 de julio de 2016

- El talento humano es una de las fortalezas para que en la ciudad de Arequipa se desarrollen emprendimientos ligados a la tecnología y la ciencia de la computación. Esta semana, en la UCSP se reunieron especialistas de 37 países para analizar las perspectivas de este campo del conocimiento.


En Perú cada vez más empresas requieren de desarrollo de software para optimizar sus procesos y hacer más eficiente su producción. En la industria, la minería, los servicios y comercios la tecnología puede ser la clave para resolver un problema complejo y obtener una ventaja competitiva. Según el presidente de la Asociación Peruana de Software y Tecnología (Apesoft), Juan José Miranda del Solar, la industria del desarrollo de tecnología desde 2010 viene creciendo a un promedio anual de 15%. Cada año este sector mueve 450 millones de dólares, pero no todo se concentra en nuestro país. La exportación de software hecho en Perú llega a los 60 millones de dólares. Los principales compradores son compañías de Estados Unidos, Colombia, Argentina, México y Europa.

“Las empresas requieren software para sistemas hospitalarios, contabilidad, logística, transferencias electrónicas, comercio electrónico, normas jurídicas, entretenimiento, etc. En Perú todavía existe una resistencia a buscar soluciones tecnológicas, en especial entre la pequeña y micro empresa, por ello estamos apuntando a crear clústers de compañías que puedan desarrollar productos a escala mundial y ampliar así nuestro mercado”, explica Miranda del Solar.

El primer clúster empezará a funcionar en Lima con 35 empresas, las cuales trabajarán de manera colaborativa para elaborar soluciones innovadoras en el rubro del software. Según el presidente de Apesoft, la ciudad de Arequipa también tiene posibilidades para albergar a la industria de la creación de tecnología ya que posee a los mejores desarrolladores de software en el país. “El talento humano es la principal fortaleza de Arequipa. Aunque todavía no hay tantas empresas de tecnología, la capacidad de sus especialistas en ciencias de la computación es espectacular”.

Muestra de ello es que esta semana (del 11 al 13 de julio) se desarrolló en la sede de la Universidad Católica San Pablo (Ucsp) la 21 Conferencia Anual sobre Innovación y Tecnología en la Educación en Ciencia de la Computación (ITiCSE 2016). Este evento, considerado el más importante del mundo respecto a educación en computación, reunió a expertos de 37 países de América, Europa y Asia. En las charlas, paneles y grupos de trabajo participaron 150 PhD en Ciencias de la Computación. Es decir, que en el auditorio del ITiCSE 2016 cada 2,6 m2 podías toparte con un académico de talla internacional en el rubro tecnológico.

CULTURA TECNOLÓGICA
Uno de estos expertos presentes en el ITiCSE 2016 es Mehran Sahami, director asociado del área de enseñanza de Ciencia de la Computación de la Universidad de Stanford (Estados Unidos). Él considera que Arequipa tiene grandes chances para insertarse al engranaje mundial del desarrollo de tecnología. “Arequipa tiene una cultura tecnológica muy vibrante y una universidad muy fuerte en el rubro (la UCSP). Esta combinación facilita la innovación y permite que más personas se dediquen a la producción de tecnología de última generación”, señala Sahami.

Sin embargo, el docente de Stanford indica que aún debe fortalecerse la educación en Ciencia de la Computación en los niveles primarios para que la región pueda ser un eslabón de la industria tecnológica.

 “Si más gente está expuesta a este conocimiento, estarán motivados a seguir la carrera en la universidad. Y mientras más trabajadores capacitados tengamos, más fácil será virar la economía hacia la tecnología”, dice Sahami.

HECHO EN AREQUIPA
El buen nivel de los egresados de Ciencia de la Computación de Arequipa ha generado que empresas de Sillicon Valley como Google y Facebook los contraten. Ernesto Cuadros, director de la escuela de Ciencia de la Computación de la UCSP, indica que desde 2006 se han establecido estándares internacionales en su currícula y han convocado a profesores con grados académicos de calidad que les ha permitido a los alumnos cambiar de chip. “Hacer software no es un proceso simple como hacer una página web. Buscamos que sepan resolver problemas complejos a partir de la tecnología. Una computadora acelera las soluciones pero la clave es saber usar el cerebro”.

Debido a su capacidad técnica, actualmente, empresas arequipeñas también están desarrollando tecnología para el extranjero. Es el caso de Inkalabs, que diseña software y aplicaciones para que las transacciones bancarias puedan hacerse desde una computadora o celular. Este emprendimiento tiene clientes en Alemania, Inglaterra y Suiza.

La empresa zAgile, con sede en San Francisco (California), también ha mudado sus operaciones a Arequipa para que profesionales locales desarrollen software para la plataforma de gestión de información que comercializa en varios países del mundo. Esta empresa del indio Sanjiva Nath trabaja con alumnos y egresados de la UCSP y hoy tiene clientes en Estados Unidos, Europa y Sudáfrica. Cuadros dice que en los próximos años aparecerán iniciativas similares en la ciudad. La meta es que desde Arequipa se generen soluciones tecnológicas para problemas globales.

Ocho empresas trabajan con la mano de obra del penal de Socabaya

martes, 12 de julio de 2016

- ¿Se puede ser productivo entre barrotes? En la cárcel de varones de Arequipa 858 internos elaboran textiles y productos en metal y madera.




La empresa FAM ha encontrado dentro del penal de varones de Socabaya la mano de obra que necesitaba para elaborar los accesorios metálicos que comercializa a clientes del centro y sur del Perú.  Hace 15 meses, Ceferino Baca, gerente de esta fábrica que tiene su sede en la calle 2 de Mayo, decidió instalar en la cárcel un taller de corte, troque, esmerilado y soldadura en el que pudieran trabajar los internos.

“Un día vine a visitar a un amigo a la prisión y le comenté que en el mercado arequipeño la mano de obra de los operarios había encarecido mucho. Mi amigo me comentó que dentro de Socabaya había gente capacitada que estaba gustosa de trabajar. Entonces, decidí apostar por ellos”, cuenta. 

Su apuesta fue rentable, ya que según el empresario, con los trabajadores del penal FAM ha ahorrado alrededor de 40% en el gasto de mano de obra. Hoy Baca emplea a 11 internos quienes reciben al mes 500 soles por una jornada diaria de seis horas. Además de ser una fuente de ingresos para los reclusos, en los talleres de FAM reciben capacitaciones en seguridad laboral y manejo de maquinaria pesada. Incluso, un interno, luego de cumplir su condena, desde este año está trabajando con Baca en su sede central.   


Así como FAM, actualmente ocho empresas locales han firmado un convenio con el Instituto Nacional Penitenciario (Inpe) para trabajar con los talleres de carpintería en madera y metal, panadería, textiles, zapatería, manualidades y electrónica que funcionan al interior del penal de varones de Arequipa. Por ejemplo, en el área textil se producen alrededor de 400 prendas al mes. Hace tres meses, los 36 internos que laboran en ese sector despacharon un pedido del Grupo Inca de 1.500 kits de ropa de invierno. 

La jefa de la oficina regional sur Arequipa del Inpe, Eufemia Rodríguez considera que estos pedidos constantes del exterior contribuyen a la resocialización de los reclusos ya que a partir de su labor en los talleres, acceden a ingresos fijos para mantener a sus familias.  Sin embargo, aún el mercado es muy pequeño para que todos los internos puedan beneficiarse con la venta de sus productos. De los 2.036 internos, 858 (40%) participan en los talleres productivos.

“Tenemos un bazar en la sede de Siglo XX en donde canalizamos las ventas y pedidos, pero aún no es suficiente. Otros internos venden sus creaciones a través de sus familiares y amigos, pero lo ideal sería que más empresas trabajen con nosotros para contribuir así a la reinserción social y económica de los reclusos”, explica Rodríguez. 


OTRA OPORTUNIDAD
La educación es la otra estrategia para resocializar a los internos del penal de varones. En Socabaya funciona un  Centro de Educación Técnico Productiva (Cetpro) y un Centro de Educación Básica Alternativa (Ceba), en donde participa el 20% de la población carcelaria. 

Wilber Calla, director del Ceba del penal, indica que actualmente tienen a 118 internos, con edades que van de los 18 a 70 años, que siguen estudios de primaria y secundaria. “Muchos recién dentro del penal tienen una oportunidad para aprender a leer y escribir. Hay otros internos que habían dejado de lado sus estudios hace décadas y durante su condena obtuvieron un certificado de estudios”, señala. Luego de estas capacitaciones, estos internos pueden insertarse en los talleres productivos, o emprender su propio negocio. Hoy alrededor de 40 internos tienen RUC con el que gestionan pedidos del exterior.
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Internos duermen en pasillos y baños


El hacinamiento es una de las principales barreras para resocializar a los internos del penal de varones de Arequipa. Actualmente, este centro penitenciario se encuentra a más del triple de su capacidad. Fue construido para albergar a 630 internos, pero hoy lo habitan 2.036 personas. Por ejemplo, en pabellones los internos deben dormir en los pasillos y baños.

En un recorrido junto a autoridades del Inpe, se corroboró que en pabellón A-1 había más de 130 internos, pese a que solo había 26 camas de tres piso. Durante el día, se amontonan los colchones en medio del salón.

En el pabellón C-1 (de mediana seguridad), se encontraron decenas de colchones al interior de los servicios higiénicos.  La jefa de la oficina regional del Inpe, Eufemia Rodríguez, indica    que debido a la implementación de Ley de Flagrancia sus instalaciones están siendo desbordadas. "En promedio al mes recibíamos 50 nuevos internos, pero ahora esa cifra aumentó a 15 personas más ya que los procesos se resuelven con mayor rapidez. Calculamos que desde noviembre pasado hemos recibido a 100 internos por flagrancia", señala.

Empoderando al indefenso

jueves, 30 de junio de 2016

-          - Desde 2012, el Cpas-Arequipa desarrolla un programa en colegios estatales para identificar actos de violencia sexual y familiar contra menores de edad. Hasta el momento 122 casos de abusos encontrados en los salones han sido traslados a la vía legal. 

(Foto: Yvan Salcedo/Diario Sin Fronteras)
Pegado en medio de la pizarra del aula de cuarto de primaria, un enorme sol hecho con papel dorado les recuerda a los veinte niños del salón que son personas valiosas que brillan con luz propia. En cada uno de los rayos del astro aparecen escritas en plumón las virtudes de cada uno de los pequeños de 9 años.  El inquieto Manuel sabe jugar al fútbol mejor que nadie en su curso, su compañero de carpeta Cristopher puede hacer manualidades con plastilina, Rodrigo construye animalitos de origami y Sandra, una niña con trenzas, dibuja lindos paisajes y practica natación.  “Ustedes son únicos y radiantes como el Sol, el astro más grande del cielo. Nunca olviden todas las virtudes que tienen”, les explica  la especialista del  Centro de Prevención del Abuso Sexual Infantil (CPAS-Arequipa), que desde hace dos meses imparte clases de tutoría a los 400 escolares de este colegio del Cercado de la ciudad.

Desde 2012, el CPAS-Arequipa, en convenio con la Gerencia Regional de Educación, desarrolla un programa de talleres y atenciones psicológicas en instituciones educativas estatales de la provincia de Arequipa para identificar abusos sexuales, físicos y psicológicos contra niños y adolescentes. Hasta 2015, a partir de sus charlas y sesiones semanales de tutoría, descubrieron  2.211 casos de escolares que habían sido víctimas, en su mayoría, de ataques contra su integridad sexual y violencia familiar.  

El programa también ha identificado problemas de conducta y de aprendizaje, así como intentos de suicidio. Sin embargo, lo que más preocupa a los especialistas de CPAS es el aumento de las denuncias  de abuso sexual infantil (que incluye violación y actos contra el pudor) en los 32 colegios en donde laboraron. Entre 2015 y 2012, los diagnósticos por este rubro crecieron en 555%. En esos tres años se identificaron 312 casos. Pero estos datos no son aislados, sino que reflejan una parte de la escalada de violencia que vivimos. Según la Región Policial Arequipa, entre 2012 y 2015, de las 986 denuncias de violación sexual ingresadas a las comisarías, 444 (45%) tuvieron como víctimas a menores de 17 años. Además,  en 2015 el número de casos de abuso sexual infantil denunciados en los Centro de Emergencia Mujer era 72% más alto que en 2012. En tres años, se pasó de 61 denuncias anuales a 105. 

“Estas cifras muestran que hay una apertura de los menores a dar a conocer los abusos  pero tenemos que seguir creando un entorno de protección ya que la mayoría de las veces el agresor proviene de su entorno íntimo y, por ende, los escolares se encuentra en condiciones de mucha vulnerabilidad”, indica Dessy Zanabria, directora del CPAS-Arequipa.

Por esta razón, los tutores del programa de Cpas buscan reforzar la autoestima en los niños para que tengan la fortaleza emocional para identificar un abuso y denunciarlo inmediatamente. Por ejemplo, en la clase de esta mañana en el salón de cuarto año ahora se está desarrollando otra dinámica con un monigote hecho de retazos de papel que tiene en cada parte de su cuerpo un valor como la bondad, la veracidad, la disciplina,  la valentía, el respeto y la nobleza.

La tutora  les va preguntando a los niños que cuenten en qué momento de sus vidas fueron valientes. Sandra, la niña de las trenzas, se para de su asiento y dice que hace unos meses casi se ahoga en la piscina pero que ya logró vencer el miedo y ahora nada sin problemas. “Me tuve confianza y lo volví a intentar”, cuenta. Sus compañeros la aplauden y otros también se atreven a contar la veces que fueron bondadosos y estudiosos. Con sesiones como esta los niños van descubriendo que si son personas valiosas no hay razón para que alguien atente contra su cuerpo o trate de manosearles sus partes íntimas.  


                                                   (Foto: Yvan Salcedo/Diario Sin Fronteras)


POCAS SANCIONES 
Luego de que se ha creado un entorno de confianza en las clases y dinámicas en los colegios, los tutores de Cpas les piden a los escolares que escriban en cartas, que solo serán leídas por los psicólogos del programa, los momentos felices y tristes que han tenido en su vida. A partir de esos testimonios,  que pueden ser mensajes como “hoy vi a mi papá golpear a mi madre” o “anoche mi padrastro se metió dentro de mi cama y me pidió que no le contará a nadie”,  se van atendiendo a los menores por la vía legal para que pueda sancionarse al agresor. Entre 2012 y 2015, el área legal del programa llevó al Ministerio Público 122 casos identificados en los colegios. De estos, 33 fueron por violencia familiar y abandono moral (vía civil), mientras que 57 fueron por los delitos de actos contra el pudor y 32 por violación de la libertad sexual (ambos por la vía penal). 

Sin embargo, la abogada del Cpas, Patricia Briceño informa que solo se han logrado en estos años 15 sentencias por el delito de actos contra el pudor (cuya pena va de 6 a 12 años de cárcel). “Cinco de los agresores ya están cumpliendo penas en cárceles de Arequipa y Camaná. Sin embargo, aún el sistema de justicia es muy lento y a veces, para los casos de violación, se piden muchas diligencias que pueden convertirse en una tortura para los menores”. 

Según Briceño, en los procesos judiciales deberían cumplirse el interés superior del menor, como estipula la Convención Internacional sobre los derechos del Niño. Es decir, considerar al menor como un sujeto con derechos que requiere protección y bienestar. “Pero a veces, al niño se lo toma como mentiroso o exagerado y se piden excesivas pruebas. O se dan casos en que las madres disuaden a sus hijas para que no declaren en contra de sus parejas, o las obligan a mentir ante los jueces”, cuenta la abogada. 

Ante esta situación, el Cpas también está incidiendo en padres y docentes para que estén capacitados para denunciar ante las autoridades los abusos contra menores. Hasta el momento ya han sensibilizado a 3800 padres y 600 docentes. Hoy el programa ha atendido a más de 13 mil alumnos y en los próximos cuatro años, se espera llegar a los 20 mil escolares con los talleres y charlas. Sin embargo, esa cifra solo es el 10% de los más de 200 mil alumnos que estudian en los colegios públicos y privados de Arequipa. Aún, hay decenas de miles de menores desprotegidos. 

Sinfonía entre rejas

sábado, 4 de junio de 2016


- Orquesta Sinfónica de Arequipa dio un concierto al interiores del penal de mujeres de Socabaya 



Por una hora, las internas del penal de Socabaya se olvidaron de su encierro y se pusieron a bailar y cantar al ritmo de la Orquesta Sinfónica de Arequipa (OSA). Al mediodía de ayer, las 150 habitantes del Establecimiento Penitenciario de Mujeres se reunieron en el patio central para recibir a los músicos de la OSA, que por primera vez se iban a presentar al interior de una cárcel.

El concierto comenzó con “Historia de la música”, una recopilación de temas instrumentales de compositores occidentales. Mientras el conjunto de cuerdas, vientos y percusión repasaba en un par de minutos décadas y décadas de sinfonías, las internas iban levantándose de sus asientos para concentrarse en esos bellos sonidos que gatillaban emociones en su interior.

Aunque probablemente las internas no reconocían las melodías de la 9na Sinfonía de Beethoven o el Concierto para Violín N° 1 de Niccolo Paganini, la universalidad de la música las remitió a momentos de su pasado cuando vivían tranquilas, lejos de los barrotes y hacinamiento de esta prisión.

La mirada de paz en el rostro de Gaby Ramos, delegada de la cárcel de damas, cuando sonaban los acordes de The Entertainer, la banda sonora de la película El Golpe, es una muestra de la capacidad transformadora del arte. “Estábamos esperando ansiosas este concierto para salir de la monotonía – dirá luego Gaby –. El estrés del encierro es bastante grande y por eso es una bendición relajarse un rato escuchando música en vivo”.

Durante la obertura los músicos de la OSA también hicieron un guiño a la música popular e interpretaron versiones de “Oh, Pretty Woman”, el tema central de la película Mujer Bonita y “Another one bites the dust” de Queen.

Luego de una primera ronda de aplausos, la orquesta tocó un contrapunteo de la Quinta Sinfonía de Beethoven y el Mambo Nro. 5 de Pérez Pedro que hizo mover tímidamente las caderas de las internas. “Sí, sí, yo quiero mambo”, coreaban los músicos mientras algunas mujeres palmoteaban de pie.

SONIDOS PERUANOS
Después de unos minutos de escuchar tranquilas las versiones de Libertango de Piazzolla y el vals José Antonio de Chabuca Granda, las internas de Socabaya volvieron a saltar de sus asientos con un mix de canciones criollas, adaptado a la potencia sonora de una orquesta de 54 músicos.

En la primera fila, Ana Elvira – pelo amarrado en una cola, chaleco rosado y canilleras de lana para protegerse del frío – balbucea la letra de Regresa, como emulando el dolor de Lucha Reyes: “Peroooo regresaaa para llenar el vacío que dejaste al irte, regresaaa”. Desde su asiento, Ana Elvira imagina que ella es la cantante que falta en el escenario: “regresa aunque sea para despedirte, no dejes que muera…sin decirte adiós”.

Siguen las ovaciones y la presentación se acerca al final. Si con “Ritmo, color y sabor”, ese tema que inmortalizó con su vozarrón Eva Ayllón, un par de músicos de la OSA se atrevió a zapatear frente al público, con las versiones de los clásicos arequipeños Montonero y Carnaval de Arequipa las internas fueron las que improvisaron algunos pasos sabrosos. Después de un último tema sorpresa, los integrantes de la orquesta se despiden entre aplausos y vítores. Por unos minutos, las internas no se mueven de sus asientos, disfrutando todavía el trance de libertad que les acaban de regalar los músicos.

Oswaldo Reynoso, el escritor que nunca dejó de enseñar

miércoles, 25 de mayo de 2016

- Tres jóvenes literatos hablan sobre la influencia del autor "Los Inocentes", en la formación de su vocación artística. El narrador arequipeño falleció ayer debido a un infarto. 





Oswaldo Reynoso estaba muy ocupado en vivir como para pensar en la muerte. El fin de semana pasado llamó por teléfono desde Lima al escritor Orlando Mazeyra, uno de sus amigos más cercanos en Arequipa, para contarle que había terminado su nuevo libro llamado “Capricho en azul”. “Estaba muy feliz por esta obra. Me dijo que ya le había mandado el borrador a su editor por correo y estaba planeando un viaje a Arequipa para ver todos los detalles”, recuerda ahora Mazeyra que se ha enterado que Reynoso ha fallecido de un infarto la madrugada del martes.

Pese a sus 85 años, Reynoso era un autor que no descansaba en sus labores literarias. Luego de haber inspirado a tantas generaciones de jóvenes escritores con libros como “Los inocentes” y “En octubre no hay milagros”, seguía predicando con el ejemplo: leía apasionadamente y escribía con la misma rabia que en su juventud. Pero sobretodo, Reynoso no dejaba de vivir intensamente. Viajaba por todo el país para participar en presentaciones de libros, congresos y ferias. Luego, se reunía en cantinas y huariques para escuchar la voz de la calle. Vivir fue la manera que encontró este escritor, nacido en Arequipa en 1931, para seguir aprendiendo y enseñando.

“Tenía una vitalidad increíble. Le encantaba la buena vida, el trago y la comida, pero nunca descuidaba su trabajo y era muy exigente con sus creaciones. Por eso era un ejemplo a seguir para cualquier escritor”, dice Mazeyra, quien desde que conoció a Reynoso en 2004 no dejó de pedirle su opinión sobre los cuentos que comenzaba a escribir.

Luego, esta relación maestro-discípulo se niveló y Reynoso empezó a enviarle sus relatos a Mazeyra para que los revisara a la distancia. Hoy que Orlando sabe que su amigo ya no estará al otro lado de la línea para guiarlo, le quedan sus libros para seguir aprendiendo de él.






MAESTRO DE LA PALABRA
Para el escritor y docente de la Universidad San Martín de Porres Dennis Arias corregir un libro de Reynoso fue como hacer otra maestría. En 2012, luego de culminar sus estudios de posgrado en España, le encargaron a Arias revisar los textos de “En busca de la sonrisa encontrada”, un conjunto de relatos que retrataban diversos parajes del Perú. Durante esos meses tuvo una comunicación fluida vía correo electrónico con el reconocido autor, quien le inculcó la importancia de que el lenguaje siempre transmitiera naturalidad.

“Reynoso estaba convencido de que la palabra tenía que comunicar el habla de las personas. En las correcciones de estilo que hacía me pedía que tomara en cuenta esa premisa”, recuerda Arias, quien en esa época también estaba preparando su primer libro de cuentos.

Luego de esas lecciones imprevistas, el novel autor también comenzó a corregir sus ficciones y le insertó el vigor, rebeldía y compromiso social que Reynoso siempre predicó en su literatura. “Mis cuentos eran muy fantásticos y no había un nexo con el entorno. Después de hablar con Reynoso, me di cuenta que no podía renunciar a mis recuerdos al momento de escribir”, dice Arias, quien en 2013 publicó “Ciudad lineal”, en donde recopiló las nuevas versiones de sus historias. Esos cuentos, sin renunciar a su esencia mágica, ahora ponían un pie en la realidad.



PRINCIPIOS ESTÉTICOS
Ruhuan Huarca, poeta y director de la Editorial Aletheya, tiene entre sus manos el último libro que escribió Reynoso antes de morir. El borrador de “Capricho en azul” le llegó la semana pasada por correo y es una continuación de “Arequipa lámpara incandescente” (editorial Aletheya, 2014), en donde Reynoso rememoraba algunos de sus vivencias más importantes en su ciudad natal.

En este nuevo libro el autor también reflexiona sobre el proceso de creación literaria a partir de sus vivencias en Lima y otras regiones del país. El texto empieza con un epígrafe de Karl Marx que habla de cómo el escritor debe ganar dinero para vivir y escribir “pero en ningún caso vivir y escribir para ganar dinero”. Para Huarca este último libro mantiene los principios estéticos y discursivos que defendió a lo largo de su carrera.

“Reynoso siempre estuvo convencido en que el manejo artístico de la palabra era el camino para promover la lectura en los más jóvenes. Esa fue la principal lección que me dejó. Por eso sus libros, aunque no eran publicados en grandes editoriales, fascinaron a miles de lectores”, cuenta Huarca.

El joven editor fue testigo de la gran capacidad de convocatoria que tenía Reynoso. Entre 2012 y 2014, cuando dirigía un proyecto de promoción de lectura en Cayma, invitó al novelista a dar charlas en colegios. En pocos minutos, los escolares quedaban fascinados con las historias de este octogenario con espíritu de adolescente. Según Huarca, el maestro también aprendía en cada una de esas presentaciones. Y es que en el rostro de cada uno de estos jóvenes Reynoso también buscaba encontrar la esencia del país que tanto amó.

Recuerdos del 5 de abril: Testigos rememoran episodios del autogolpe de Fujimori

martes, 5 de abril de 2016

- En 1992 Alberto Fujimori dio inicio a su proyecto presidencial autoritario al cerrar el Congreso y anunciar la reorganización del Poder Judicial. A 24 años de este golpe a la democracia, les brindamos tres testimonios de ese triste episodio. 




Ese domingo, una llamada telefónica desde el cuartel perturbó el descanso del coronel Óscar Gómez de la Torre. Eran las seis de la tarde del 5 de abril de 1992 y Gómez de la Torre, oficial de Inspectoría del Fuerte Rafael Hoyos Rubio, estaba siendo llamado de urgencia a su base ubicada en el distrito limeño de Rímac. No le dieron ninguna explicación, pero mientras salía de su vivienda, en la Villa Militar de Chorrillos, se dio cuenta que algo raro sucedía: los oficiales de otros destacamentos también estaban saliendo igual de apurados que él.

Cuando llegó al fuerte del Rímac, sede de la décima octava brigada blindada del Ejército del Perú, Gómez de la Torre no recibió ninguna orden. Solo le pidieron que se reuniera con los otros oficiales a esperar un importante anuncio del presidente de la República, Alberto Fujimori. ¿Qué estaba pasando? ¿Había un problema en las fronteras? ¿Les iban a aumentar el sueldo? A las nueve de la noche, los militares encendieron el televisor y Fujimori comenzó a dar un mensaje a la Nación en el que informaba que iba a disolver temporalmente el Congreso. Además, anunciaba que reorganizaría el Poder Judicial, la Fiscalía y la Contraloría. Esa noche, con el pretexto de acelerar su proyecto de reconstrucción del país –que en esos años vivía una crisis económica y estaba sitiado por el terrorismo– Fujimori le estaba dando un duro golpe al sistema democrático.

El coronel Gómez de la Torre y algunos de sus colegas estaban confundidos: ¿desde cuándo un gobernante civil propicia un golpe de estado? Luego del anuncio de “disolver, disolver” del presidente empezaron llegar las órdenes desde el Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas y los tanques salieron a las calles en cuestión de minutos. La artillería pesada tenía que posicionarse en la sede el Congreso y el Poder Judicial.

Gómez de la Torre –quien no participó de las operaciones ya que su función en esa época era administrativa– recuerda que esa noche los vehículos militares salieron sin misiles. “No tenía sentido llevar proyectiles a la ciudad. Los soldados tampoco cargaron la caserina de sus rifles. Estaba claro que nos estaban usando con un fin político”, comenta ahora el general retirado.
Incluso, esa noche, del fuerte del Rímac salieron unos enormes cañones autopropulsables que no tenían utilidad en un enfrentamiento urbano. Con esas enormes máquinas, que solo se dejaban ver en los desfiles, Fujimori quería disuadir a sus opositores y dar inicio a su proyecto autoritario.

MORDAZA A LA PRENSA
A la mañana siguiente del autogolpe, cuando el periodista Jorge Saldaña, cronista parlamentario del diario El Comercio, quiso acercarse al Congreso se encontró con dos tanques de fabricación rusa que le bloqueaban el paso. En ese momento, no era el único que no podía transitar libremente: los senadores y diputados que querían ingresar al edificio de la avenida Abancay eran detenidos por soldados y sacados a empujones. Mientras Saldaña trataba de obtener declaraciones de los parlamentarios, fue testigo de cómo unos ambulantes les lanzaban fruta. La campaña de desprestigio contra el Congreso que meses atrás había iniciado Fujimori estaba funcionando. Según los sondeos, 90% de la población apoyaba el autogolpe.

Pese a los obstáculos, Saldaña siguió buscando las reacciones de los políticos, a pesar de que mucha de la información que recogería no saldría publicada. La noche anterior, luego del mensaje presidencial, agentes del SIN entraron a la redacción del diario y se metieron a vigilar los contenidos. Hubo discusiones entre los militares y los editores pero al final se publicaron versiones corregidas de las noticias. Debido a la intervención, algunos diarios aparecieron con sus portadas en blanco. Esa noche les esperaba una batalla igual de ardua con los censores del gobierno.

La mañana siguió avanzando y ante la negativa de los parlamentarios de hablar por teléfono, Saldaña se enteró de una reunión en la casa de Lourdes Flores, en ese entonces diputada del PPC. “Todos hablaban del código 1160, que era la dirección de Lourdes, en donde se iba a realizar un cónclave multipartidario para declarar la vacancia de Fujimori”, recuerda veinticuatro años después Saldaña.

El reportero llegó al domicilio en San Borja junto con un fotógrafo. El vecindario estaba lleno de carros estacionados. Los periodistas tocaron la puerta número 1160 y los invitaron a pasar para que fotografiaran la sesión. Mientras esperaban en la sala de Lourdes Flores, apareció su padre, don César Flores, que creyó que Saldaña y su colega habían invadido su propiedad. En medio de la confusión, les pidió a gritos que salieran. Se retiraron para no enfrascarse en una pelea. El equipo de prensa regresó a la redacción sin su primicia y con la seguridad de que, sin una foto, los censores no les dejarían publicar esa noticia. A pesar de la desazón, Saldaña sintió cierta satisfacción: en el patio de la casa de Lourdes Flores se estaba dando inicio a una resistencia democrática.

DEFENSA DE PRINCIPIOS
Luego del autogolpe, Fujimori ordenó apresar a sus opositores. La vivienda del presidente de la cámara de diputados, el jurista arequipeño Roberto Ramírez del Villar, quedó rodeada por policías y militares. La mañana del 6 de abril, Óscar Urviola, en ese entonces diputado por Arequipa y primer secretario de la cámara, rompió el cerco humano y se acercó a conversar con Ramírez del Villar, que miraba a la calle desde la reja de su estudio. “Nos pidió que no bajáramos los brazos y que defendiéramos los principios democráticos”, cuenta hoy Urviola, quien se desempeña como presidente del Tribunal Constitucional.

Esa breve reunión inspiró a Urviola a no dejarse amedrentar, ya que en un video de la época se lo ve empujando a unos soldados que lo querían sacar a la fuerza del domicilio del jurista encerrado. “Fuera de acá, fuera de acá”, les dice Urviola con el dedo en alto. Después de eso, comenzaron las reuniones clandestinas entre parlamentarios para que el vicepresidente Máximo San Román asumiera el gobierno del país, según mandaba la Constitución.

Para esa ceremonia de investidura, que se iba a realizar en el Colegio de Abogados de Lima, se necesitaba una banda presidencial y Urviola fue asignado a recogerla en el domicilio del expresidente Fernando Belaunde Terry. El fundador de Acción Popular le dijo a Urviola que “si con ese acto colaboraba a restituir la democracia, con gusto lo haría”.

El día del evento, a San Román se le colocó la banda prestada y se dio un fuerte mensaje en el ámbito internacional: el gobierno de Fujimori era ilegítimo. A pesar de los esfuerzos, la resistencia se apagó a fines de 1992 ya que se convocaron a elecciones para conformar un nuevo Congreso. Urviola regresó a Arequipa pero aún no había bajado los brazos. El exdiputado estaba convencido que, desde su tierra, tenía que hacerle frente a los abusos de la dictadura que acababa de nacer.

Un sillar no es un simple piedra

domingo, 27 de marzo de 2016

- Reflexiones sobre el ejercicio del periodismo cultural en Arequipa 


Un sillar no es una simple piedra para construir edificios. En Arequipa podemos encontrar a esta blanca roca – porosa pero resistente – en todos lados: en monumentos históricos como la Catedral, en los portales de la plaza de Yanahuara, en las paredes de la picantería La Capitana, en los muros de nuestra casa.  Pero los sillares no solo sirven de materia prima para la mayoría de solares con valor patrimonial. También simbolizan el trabajo y la obstinación de un pueblo que ha aprendido a adaptarse a las adversidades.  Después de cada terremoto, insistimos en levantar nuestras casas con paredes de sillar; y en las obras públicas vemos a cientos de obreros dando forma a estas piedras volcánicas. Los sismos han modelado nuestro estilo de vida y por eso las casonas y templos con techos abovedados, columnas y pilastras que aguantan temblores; además de una expresión de la arquitectura mestiza son una muestra de la resiliencia, esa capacidad para adaptarse y sobreponerse a las situaciones límite que identifica culturalmente a los arequipeños.  

A partir de este ejemplo se puede entender que la cultura no solo se centra en las bellas artes, la literatura o el teatro. Creo que la cultura es eso que aleja al hombre del animal y le da trascendencia espiritual. Así, esta relevancia intelectual la puede lograr un escritor erudito con una novela de altísimo nivel técnico, pero también un humilde alarife que transforma los bloques de sillar de las canteras de Añashuayco en la bella fachada de una iglesia como La Compañía.    En las primeras páginas de su libro “La civilización del espectáculo”, Mario Vargas Llosa señala que no debe confundirse cultura con conocimiento. La cultura no es solo la suma de diversas actividades sino un estilo de vida, una manera de ser en la que las formas y el contenido importan por igual. “El conocimiento tiene que ver con la evolución de la técnica y las ciencias, y la cultura es algo anterior al conocimiento, una propensión del espíritu, una sensibilidad y un cultivo de la forma que da sentido y orientación a los conocimientos”, escribe el Premio Nobel de Literatura.   Es decir que la cultura, antes que una acumulación de saberes o visiones estéticas o artísticas, es una reflexión sobre nuestra humanidad. No hay duda de que la cultura es la mejor manera que hemos encontrado para decir a los cuatro vientos: ¡Hey, soy un ser humano! 

Teniendo en cuesta esto, podemos decir el periodismo cultural contribuye a que las personas puedan informarse y profundicen su conocimiento sobre aspectos específicos de su condición humana. Históricamente, las páginas culturales de los periódicos difundido información sobre publicaciones literarias, presentaciones teatrales, exposiciones de pintura, muestras de escultura,  producciones cinematográficas y  conciertos de música de cámara.  Sin embargo, en esta época, el periodismo cultural no puede ser tan miope y dejar de lado otras manifestaciones de la cultura popular como, por ejemplo, las fiestas patronales, los festejos del carnaval loncco en Cayma, la movida musical del metal arequipeño o los dibujantes de historietas. El periodismo cultural debe abrir el foco y también ocuparse de tradiciones milenarias que corren el riesgo de desaparecer o de nuevas manifestaciones que merecen ser valoradas y explicadas como el cosplay, el graffiti o los videojuegos. 

Tampoco podemos abocarnos solo a cubrir presentaciones de libros o inauguraciones de muestras de pinturas en galerías del Cercado, un periodista cultural debe estar dispuesto a viajar miles de kilómetros para descubrir nuevos mundos y comprender, a partir de los artefactos culturales de una comunidad, la vida de los otros.  En fin, a través del periodismo cultural podemos llegar a entender a fondo  los problemas de una sociedad, ya que los asuntos culturales, aunque no lo parezcan, siempre están relacionados con las finanzas, la política, la vida social e, incluso, el sexo. 

Sin embargo, la realidad del periodismo cultural en Arequipa nos muestra algo muy diferente.  La mayoría de diarios en la ciudad  carecen de una sección cultural. En algunos periódicos existe una sección fija para las informaciones culturales pero muchas veces estas noticias se encuentran mezcladas con temas de farándula y espectáculos. En otras ocasiones, estos pequeños espacios solo se utilizan como vitrinas para anunciar la agenda de eventos de la semana de algún centro cultural o universidad. Generalmente, las informaciones que se preparan carecen de profundidad y los textos se escriben sin mucho esfuerzo o investigación.  En el caso de las ediciones locales de medios nacionales, la página cultural, a veces, le da cabida a temas regionales, pero con regularidad la información sobre Arequipa es relegada por noticias capitalinas. 

Salvo contadas excepciones, en Arequipa no existen periodistas culturales. Quizás podamos decir que lo mismo sucede en otras ramas del periodismo. Casi no existen periodistas especializados en economía, medio ambiente, tecnología, etc.  A excepción de los reporteros que cubren deportes o policiales, la mayoría de periodistas en la ciudad están obligados a escribir sobre todo tipo de materias. Son conocedores superficiales de infinidad de temas. Tienen al alcance un mar de conocimiento pero solo pueden sumergirse a un centímetro de profundidad dentro de esas aguas ricas de información. 

Esta falta de especialización responde a muchos factores, pero el principal es  económico ya que los medios de comunicación locales no pueden darse el lujo de tener a un periodista dedicado a la cobertura de solo un fragmento de la realidad. Dentro de un periódico, los recursos humanos son escasos y se optimiza al máximo lo que se tiene. Debido a las exigencias del día a día, un periodista no puede dedicarse solo a cubrir un determinado tipo de información. Para cumplir con su cuadro de comisiones debe recabar información de diversas fuentes: políticas, económicas, judiciales, y, claro, cuando se puede, culturales.

En este contexto es muy complicado que pueda desarrollarse un periodista con la capacidad de tratar adecuadamente las noticias culturales. La cobertura de la historia, la contrastación de fuentes, la preparación para la entrevistas, el estilo de redacción e, incluso, la elección del género para presentar una nota cultural, suelen ser deficientes debido al desconocimiento o falta de preparación. Muchas veces, el reportero que se dedica a cubrir temas culturales lo hace por iniciativa propia; porque tiene un real interés y desea, además de cumplir con sus notas del día, escribir sobre la creatividad humana y sus producciones. En otros casos, los editores asignan a cubrir estos temas a quienes demuestran cierta sensibilidad o curiosidad por la cultura. En ambas situaciones, la cobertura de temas culturales no es una política del medio de comunicación, sino la apuesta personal de un reportero o editor curioso con ganas de darle, cuando el tiempo y las ganas lo permiten, un contenido extra a sus lectores. 



La oferta académica tampoco aporta mucho a lograr esta especialización. En la currícula de ninguna de las universidades de Arequipa que cuentan con la carrera de Ciencias de la Comunicación se incluye un curso de periodismo cultural. Quizás por esta razón, las hazañas de un escritor no son una prioridad para los  diarios. Claro, a menos de que gane el Premio Nobel de Literatura y diga a los cuatro vientos que él es el Perú y cosas similares. La publicación de un nuevo libro, la remasterización de un disco o el estreno de una obra de teatro tampoco aparecen en primera plana. En los diarios de Arequipa la cultura no es portada, aunque debería serlo. Es cierto que las noticias culturales, comparadas con las políticas, económicas, deportivas o policiales, en teoría, llaman menos la atención de los lectores. Sin embargo, el periodismo cultural no debe resignarse a ser una información marginal que rellene las últimas páginas de un periódico. La cultura también puede protagonizar denuncias y destapes periodísticos que indignen a la opinión pública, como sucede con los informes sobre la corrupción de nuestros gobernantes que, tantas veces, han motivado marchas y protestas en las calles. 

Por ejemplo, la cultura también debe ser protegida de la destrucción de autoridades y empresarios ambiciosos que quieren atentar contra ella. O de criminales de cuello blanco que lucran con el tráfico de piezas arqueológicas que forman parte del patrimonio de una nación. Los daños constantes a las casonas en nuestro Centro Histórico de Arequipa (zona declarada patrimonio cultural de la humanidad por la Unesco), o la destrucción de los andenes pre incas en la campiña, son  un ejemplo de que la cultura corre peligro todos los días y que el periodismo debe dar a conocer los malos manejos en el aparato estatal o en el ámbito privado. 

Por otro lado, en épocas en que Internet y las redes sociales han magnificado el derecho a opinar de las personas, el periodismo cultural también tiene otra tarea que cumplir.  Ahora que es posible  comunicar nuestros pensamientos (a veces lo primero que tenemos en la cabeza) con tanta facilidad (basta con poner click en el botón Publicar), nuestros muros de Facebook se llenan con comentarios  intrascendentes.  En esta vorágine de datos,  el periodista debe buscar herramientas para desmenuzar, valorar y analizar las manifestaciones culturales de una sociedad.  A través de sus crónicas, reportajes, reseñas y artículos debe generar entusiasmo en los lectores, orientar a los cinéfilos, conmover a los aficionados al teatro y explicar la evolución de la cultura popular.  El periodista debe crear puentes entre el público y los actores culturales, debe estimular el pensamiento y la actitud crítica dentro de una sociedad. En fin, debe agudizar la sensibilidad de las personas para que la próxima vez que miren un bloque de sillar no crean que lo único que tienen al frente es un inerte pedazo de piedra.