La semilla de la obsesión por la lectura de Mario Vargas Llosa está en Bolivia

viernes, 25 de abril de 2014

- El premio Nobel nació en Arequipa y elaboró la mayoría de sus ficciones usando como base sus vivencias en Piura y Lima. Sin embargo, en la boliviana ciudad de Cochabamba es donde aprendió a leer e inició su apasionado vínculo con la literatura.

Los 30 mil libros que el premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa ha ido almacenando en sus bibliotecas de París, Madrid y Lima son el patrimonio más valioso que ha conseguido a la largo de su itinerante vida como escritor. Este conjunto de textos de literatura, historia, política y ciencias sociales son una expresión de sus curiosidades, fobias y manías.

Estos volúmenes también muestran su relación obsesiva con la literatura. Según ha confesado Vargas Losa, en las páginas de sus libros escribe comentarios y coloca calificaciones de 0 a 20, dependiendo de la impresión y disfrute que le haya producido cada lectura.

Aunque el destino final de la biblioteca personal de Vargas Llosa será la ciudad de Arequipa (el lunes 14 de abril pasado se inauguró la casona que albergará sus libros para que futuras generaciones puedan disfrutarlos), la semilla de esa obsesión que el Nobel tiene por la lectura nació lejos de su tierra natal. Para ser exactos, a 910 kilómetros de distancia hacia el este, en la ciudad boliviana de Cochabamba, adonde en 1937 el clan de los Llosa se mudó, luego de que el abuelo de Mario, Pedro Llosa Bustamante, firmara un contrato para introducir el cultivo de algodón en la zona oriental del vecino país.

MÁGICA EXPERIENCIA
Fue ahí, en esa ciudad apacible que por esos años se encontraba llena de verdes jardines, que el pequeño Mario aprendió a leer, la experiencia más grandiosa e importante de su vida, según ha confesado más de una vez. Esa mágica lección la aprendió en el colegio La Salle, en la clase de primer grado del padre Justiniano.

En el discurso que dio Vargas Llosa esta semana en Arequipa cuando entregó el primer lote de su donación de libros, dijo que aprender a leer cuando era un niño de pantalón corto en Bolivia, fue una maravilla ya que pudo: “descifrar a través de las imágenes que producían las palabras esas experiencias extraordinarias, esos destinos fuera de lo común, la posibilidad de viajar en el espacio y en el tiempo y de enriquecer la vida pequeña que a fin de cuenta tenemos todos los mortales”.

En los archivos del colegio La Salle de Cochabamba se tiene registro del paso de Vargas Llosa por las aulas entre 1942 y 1945. Según se consigna en uno de los libros de matrículas que han sido celosamente guardados por el secretario académico del colegio, Juan José Martínez Camacho, se inscribió al pequeño Mario en diciembre de 1941.

En esas amarillentas páginas se consignan los datos del nuevo alumno: natural de Arequipa, su padre es Ernesto (empleado), su madre Dora, su colegio anterior fue su casa y vive en la dirección calle Cabrera 153. Las notas que obtuvo en la primaria Vargas Llosa también pueden encontrarse en los archivos de La Salle. El profesor Martínez Camacho explica que en esa época se calificaba en una escala del 5 al 1 (5 sobresaliente, 4 bueno, 3 regular, 2 malo y 1 muy malo).

En ese primer año de 1942, en una clase de 30 alumnos, el futuro escritor obtuvo en Castellano 4 y en Lectura 5.  Estas buenas calificaciones en los cursos de letras quizás sean el resultado de los primeros acercamientos de Vargas Llosa, a través de los libros, a las aventuras del capitán Nemo, el valeroso Sandokán, el intrépido Phileas Fogg y otros personajes clásicos de la literatura juvenil.

Si seguimos revisando en los archivos de La Salle observamos que el alumno Mario Vargas Llosa obtuvo de calificación en Cálculo 4, en Lecciones de cosas (ciencias naturales) 5, en Música 4, en Trabajo Manual 3, Educación Física 5 y en Dibujo 3. Su promedio final de ese primer año en el colegio fue de 4.

AMBIENTE FAMILIAR
La casa ubicada en la calle Ladislao Cabrera, en pleno centro de Cochabamba, es otro espacio vital en la formación de la vocación literaria de Mario Vargas Llosa. No solo porque fue el lugar que albergó sus lecturas de revistas, historietas y libros de aventuras los primeros diez años de su vida, sino porque fue el escenario de una alegre vida familiar en donde Mario era el centro de atención.

Jorge Llosa Tejada es primo hermano de Mario, hijo de los tíos Jorge y Gaby. Llosa Tejada, usando como referencia lo que le contaron sus padres, quienes vivieron con Mario durante su infancia, indica que el escritor era un niño travieso. Muy mimado por los abuelos y los tíos.

“Lo llevaban al cine y a pasear al Cala Cala [zona de campiña al lado del río Rocha]. También incentivaban su gusto por la lectura. Toda esa unión familiar y apacible fue primordial para su futura carrera. ¿Si hubiera crecido al lado de su padre se hubiera animado a leer y escribir tanto?”, dice Jorge, uno de los miembros del clan Llosa que permanece en Bolivia.

Hoy la casona de Ladislao Cabrera le pertenece a Carmen Marzana, viuda de Tapia. Ella la habita desde hace 40 años y ahí ha criado a sus cuatro hijos. Vargas Llosa retornó al lugar en dos ocasiones. En su última visita en 1998 le firmó un ejemplar de “Los cuadernos de don Rigoberto” a doña Carmen. Para una próxima visita, Edgar, uno de los hijos de Carmen, esperará a Vargas Llosa con un ejemplar de “El pez en el agua”, para que estampe su firma en esas primeras páginas, en donde recuerda los días de una infancia feliz en Cochabamba.


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*Esta nota fue publicada originalmente el sábado 19 de abril de 2014 en la edición regional de El Comercio Arequipa. 










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